Carta de un ex alumno de StyleDogs

Tenemos el placer de copiaros íntegramente y sin tocar ni una coma como uno de nuestros exalumnos, Sebastian Pelesson (Buenos Aires), nos explica las carambolas y vicisitudes de su llegada a StyleDogs así como su experiencia en el curso realizado y la impronta que dejó en él nuestro método formativo.

Cuando decidí no dejar pasar el quizá último tren de mis oportunidades, y abandoné mi trabajo de oficina en Buenos Aires para embarcarme – nuevamente – en una aventura europea, me imaginé como buen y humilde previsor que soy – y no pesimista como se empeñan algunos en llamarme -, que las cosas se podrían torcer un poquito; amén y a pesar de mi obvia esperanza, entre los ánimos y bendiciones de familiares y amigos. No había que ser ni genio ni pesimista para sospechar posibles dificultades en mi inminente epopeya “viejomundista”, sobre todo por la dura crisis económica imperante por estos lares en aquél entonces – hablo del año 2010 – ; pero no me lo pensé mucho, y con el apoyo de mi esposa y mi hijo principalmente, hice de las tripas corazón, dí un salto, y me subí al tren de la aventura con destino a Canarias, Fuerteventura.

Y vaya si las cosas se torcieron…

      Debería ser más escueto e ir resumiendo el pedido de mi amiga Carol – todo un honor para mi – de escribir algo acerca de mi paso por Style Dogs para su blog, pero aunque no lo parezca, este preámbulo es justo y necesario para describir mi experiencia en la academia desde el entorno circunstancial en el que me ha tocado vivirla.
      Así fué, que a los diez días de llegar a la paradisíaca isla, la misma gente que me había propuesto re-emigrar para trabajar en un complejo vacacional, me incitaba con evasivas a buscarme cuánto antes un empleo, ya que el mencionado complejo ya no existía – si alguna vez existió.. -, y etc etc ( ó, bla bla bla sería más adecuado ta vez ). Demás está decir que las cosas para ese entonces más que torcidas, se presentaban como un rulo de dificultades en mi horizonte borrascoso. Después de peregrinar la isla de Norte a Sur buscando empleo sin éxito y con la urgencia lógica de un desempleado, cómo fui a dar de bruces con la propuesta de ser peluquero canino – algo que nunca me hubiera imaginado -, es una – u otra – historia digna de contar algún día – y en el caso de que a alguien le interese, claro está -. Lo cierto es que, claro, acepté – ¿ que otra cosa podía hacer ? -.

     Me propusieron un curso en Barcelona, donde yo había residido años atrás, y donde vivía mi hermano, con lo cual el tema de la estadía estaba resuelto. Luego buscaron una academia por internet, y como si hubieran detenido un globo terráqueo girando con el dedo, al azar, se decidieron por Style Dogs, una academia en Cerdanyola del Vallés. A continuación – y ante mi impasible presencia -, se comunicaron con Carolina Buiza explicándoles que necesitaban un curso acelerado de veinte días, máximo, ante la inminente apertura de una clínica veterinaria. En ese momento, no me imaginé ni habría podido, las caras de Carol, ante el reparo consecuente de su sentido común, en aventurarse a enseñarle a una persona que no conocía de nada, la intrincada profesión del estilismo canino en veinte jornadas de diez agotadoras horas, con la previa y honesta advertencia de que si intuía que la cosa no llegaría a buen fin, se los comunicaría. Y resumiendo – acaso ya, demasiado -, casi de un día para otro, me encontré en la bella Barcelona una vez más.

      Aquí es donde debería comenzar la descripción del curso en sí. Pero he decidido obviarlo, y argumentaré las razones más adelante. Pero me gustaría compartir algunas anécdotas. Como por ejemplo: las persecuciones de Fibi –  la hermosa Kerry Blue con la que más tarde hicimos las paces – tratando de morderme una de las tardes en que me quedaba solo en la academia para almorzar; el bonachón de Oto, mi primer perro rapado a máquina; los gentiles pasajes a la estación para coger el tren luego de toda una jornada, y sin obligación, de parte de Carol o de su entonces prometido Oriol; la simpatía de Mary; el apoyo mutuo de los compañeros de curso; mis rayaduras; la paciencia de la “profe”; los cafés compartidos, en fin. Al final parecieron mucho menos de veinte días; y días mucho más cortos, de mucho menos de diez horas. Y no es que no haya sido fatigoso ni difícil – lo fue -, pero el ambiente reinante era genial.

¿ Por qué me parece que no hace falta una descripción del curso ? Pienso que en una ciudad como Barcelona, aventurarse a decir que Carol es la única, o una de las pocas profesionales capaz de convertir en peluquero canino a un adoquín como el abajo firmante, es un poco atrevido. Habrá muchos. Pero la verdad es que en aquél momento tan especial de mi vida en que las cosas no venían saliendo tan bien como esperaba – por eso tanto prólogo -, fué una suerte haber “caído” en Style Dogs. ¿ Por qué ? Carol es ante todo un gran ser humano, mucho mejor persona que profesional – que no es poco decir de la hoy “multi-laureada” Carol Buiza, todo un nombre en el mundo del gos-, ya lo he dicho otras veces. La calidad de sus cursos son, a esta altura, y con tanto discípulo dando vueltas por toda España y fuera de ella, indiscutible; como la calidad humana de quién los imparte. Sin un ambiente como aquél, hubiera sido harto difícil para mi en aquellas circunstancias entusiasmarme y llegar a buen puerto. Pero lo logré; y mucho me temo que la bendita academia de la que hablo, ha tenido mucho que ver. Fue una gran experiencia. Vital, diría; y a pesar del esfuerzo –  y no sólo mio -, divertida.

     Así que, hablando de puerto, aquí estoy, cuatro años después, de peluquero canino por Canarias; y con amigos en Barcelona. Un saludos a todos los discipulos-amigos de StyleDogs por el mundo.

Sebastian.

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